Taken with instagram
Una comida familiar como cualquier otra.
Eric y un performance.
Anahí fumando marihuana.
Larissa en Barcelona.
Ge no está.
Un puberto y una mesera española tratandome de ligar.
Barcelona.
Yo digo:
Mami, gracias por darme la vida. Papi, gracias por haber hecho todos mis sueños realidad. Eric, te amo para siempre. Eres mi cada cual. Eres el amor de mi vida. El fin del mundo sin tí no tendría ningún sentido. Te amo. Ge, nos encontramos el uno al otro en el momento y lugar preciso. Te amo. Gracias por ser mi hermano.
¿Porqué no traigo una cámara?
No existe el caos, en lo que cabe. No hay celular. No hablo catalán (y parece ser un super requisito). No estoy con Eric. Hasta en el fin del mundo mis papás están juntos. Hasta en el fin del mundo pienso en Eric.
Lo único que todos tenemos en común son las cuatro lunas; diferentes tamaños, misma dirección en el horizonte. Enormes, hermosas, transparentes.
Me resulta imposible pensar que viví para verlo.
Todos son especialmente amables. Se me anotoja un vino. Tengo la impresión de haber estado ahí antes, por si cualquier cosa traigo puesto un traje de baño.
Me gusta el sentimiento de que esto está por acabarse. No me sobró nada en la vida, no conocí más muertes, no conocí el engaño ni el desamor. Mis padres aun se quieren y mi hermano aun vive. Tuvimos que comer y donde vivir. Todos se ven tan felices y satisfechos.
(¡Claro! ¡Mi cámara la tenía y Lilly se la llevó!)
Hay ciertas cosas que no pueden documentarse, típico. ¿Por dónde empezarías a documentar el fin del mundo?
¡Cuáles zombies ni qué mamadas! Cuatro lunas son las que se necesitan para acabar con todo esto. No se ni cómo ni qué pasará, pero la destrucción vendrá de algo fuera de nuestras manos y en un alcance infinito. Y derepente, si control y sin aviso dejaremos de exisitir.
Fin del mundo: rífate.